Shilla- Carac (por la Cordillera blanca)

En este momento del viaje estaba muy enfermo, tenia gripa y me dolía la garganta. Un transportador de la región, se ofreció a pasarme al otro lado de la cordillera blanca en su camión. Acepte, pensaba que el frió me iba a enfermar mas, sobre todo en la bajada.

Así fue como arrancamos tipo 4 de la mañana, era una subida salvaje hasta el túnel de la punta olímpica, de hay bajada a San Luis.

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Llegue aquí con la intensión de quedarme, de recuperarme y aprender a trabajar la madera en la escuela de oficios de los salesianos. Esto no se dio y solo pude quedarme allí una noche. Al día siguiente continué. Una carretera muy tranquila y subida hasta la tarde.

Esta región es poco poblada, no hay tiendas o casas por la carretera. Me fui quedando sin agua y comida. Llegue mariado arriba y pare a hablar con un campesino. Le pregunte por un lugar para quedarme y me ofreció posada en la Vaqueria. Allí me encontré otra vez con el transportador que me había ayudado a atravesar la cordillera. De pronto me encontré rodeado de personas hablando quechua, algunas risas y caras de asombro por mi forma de viaje. Compartimos la comida, me dieron una cama y me lave un poco en el baño antes de dormir. A esta altura (sobre los 4.000) ese baño me afecto fuertemente, me enferme peor por el frió.

 

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Al siguiente día, desayune con el grupo y quería hacer unas fotos. me dijeron que podía subir hasta la cruz en la montaña. Subí y otra vez sentía la tranquilidad y libertad de vivir en una zona tan apartada de la modernidad. Baje me aliste y arranque, ese día de bajada salvaje hasta llegar al rió. Allí me acogió una familia, compartimos la comida y me dieron un espacio para descansar.

Seguí y seguí, pase algunos pueblos turísticos y empezó la subida. Dura, dura, dura. Todo un día subiendo, a punta de coca, cal y caña que me brindaron algunos campesinos. Al caer la tarde, ya estaba muy cansado, al ver unos campesinos les pedí refugio, y de una accedieron, me llevaron a su casa y me dieron un espacio pa descansar y algo para comer.

Ese día había una festividad de los campesinos de la zona, bailes, cantos, música, pólvora y comida. fue una noche interesante en medio de locales, pero realmente no pude descansar mucho.

A la mañana siguiente me aliste, me despedí de la gente que pude conocer en la multitud y continué subiendo. Llovía y llovía y entre mas subía, el viento y el frió eran mas fuertes. Ya en la tarde, llegue al túnel para volver a pasar la cordillera hacia el callejón del Huaylas. El frió volvió a afectarme bastante, aun cuando tenia toda la ropa puesta. Doble media, dos bufandas, chaqueta y gorro, pantaloneta y pantalón impermeable. En la bajada las manos y los pies se me congelaron y me enferme peor por ese viento frió. Llegue a Carac y allí me quede una noche, al día siguiente y viendo que empeoraba mi salud, decidí coger un bus hacia la costa, hacia Lima. Allí quería recuperarme y poder seguir al sur.

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El callejón del Huaylas que se encuentra entre la cordillera blanca y la negra, es una región mágica, muy tranquila, con gente muy amistosa. Algún día volveré!

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